miércoles, 17 de diciembre de 2008

La tentativa de Kristoffer Ardeña.

Kristoffer Ardeña es un artista filipino que expone ahora (16.12.08) en la galería Oliva Arauna de Madrid y entre sus obras la que me resulta más intersante es la que responde a su deseo expreso de borrar el pasado colonial español de su pais. Propósito ciertamente ambicioso aunque tal vez superfluo despues de todo lo que han hecho en ese mismo sentido los yanquis durante el tiempo que nos separa del año de 1898, cuando la guerra hispano-americana les permitió apoderarse por primera vez de ese archipiélago, sobre el que ejercen una hegemonía cultural abrumadora. Para dar un sólo dato: el inglés ha desplazado completamente como lengua dominante al castellano, que ya solo se habla en reductos ciudadanos y en comunidades aisladas. Ardeña tendrá seguramente sus razones para abundar en este proposito revocatorio y no voy a ser yo quien pregunte por ellas y menos quien las discuta. A mi lo que me interesa en realidad es la obra que ha salido de ese empeño y que consiste en una instalación presidida por un mural compuesto por mas de medio centenar de papeles de lija cuya negra superficie esta ornamentada en todos los casos por rayas, nudos y manchas que nos resultan tan enigmáticas como atractivas hasta cuando nos informamos que son el vestigio, la huella, la macula que ha dejado en esos papeles el esfuerzo de Ardeña por ´borrar ´ la pequeña estatua de la Virgen con el Niño puesta en un podio, al lado del mural de lija. La estatua está completamente blanca la Virgen ha perdido su corona, su cara y una de sus manos, mientras que el Niño ha perdido completamente la cabeza. Pero aún así la pequeña escultura mantiene una presencia que, aunque espectral, resulta impresionante, como si no bastara la mutilacion que ha sufrido para desaparecer definitivamente del mapa. Y como si esa clase de presencia remanente prestara su cuerpo a los espectros del pasado que todavía rondan a Ardeña.

1 comentario:

  1. La pieza "post-colonial" de Ardeña es inteligente en la medida que intenta una "reconversión", por así llamarlo, de la Historia, y que al artista le sirve para prologar la magnífica instalación sobre la Ausencia que ocupa la parte final de la exposición. Es en esta extraordinaria "visión final de un happy instant" donde Ardeña da la vuelta (crítica) a toda la "Estética Relacional", y más en concreto al muy banal Tiravanija. En efecto: todo "lugar de ausencias" será siempre un imposible borrador de la Historia.

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