martes, 1 de noviembre de 2016

Revolución cultural en Tiananmen





Voy a la Plaza de Tiananmen y delante de la efigie imperturbable de Mao  compruebo con mis propios ojos el triunfo de la revolución cultural. Pero no la que el padre fundador de la China actual promovió en 1966 invitando a la juventud a combatir de raíz los modos de vida y los hábitos de pensamiento heredados del Antiguo Régimen que  oponían una terca resistencia a esa construcción del socialismo que él mismo quiso acelerar de manera vertiginosa con el Gran Salto Adelante, iniciado en 1957 y saldado con un sonado fracaso, que incluye el sacrificio de bosques enteros convertidos sin ningún miramiento en leña para alimentar los hornos metalúrgicos artesanales con los que se pretendía competir con los altos hornos de la industria metalúrgica occidental. No, no es de esta revolución - cuyo protagonista serían “las masas” y no la cúpula del partido comunista a la que Mao invitó abiertamente a combatir - la que cotidianamente perfecciona su victoria en la plaza legendaria desde la que en una fecha solemne de octubre de 1949 Mao Tse Dong proclamó la República Popular China. La revolución a la que me refiero es aquella cuyo medio técnico y emblema omnipresente es el móvil, que está transformando los modos de vida y los hábitos de pensamiento heredados con una radicalidad y a una velocidad que los exaltados guardias rojos de la revolución cultural maoísta ni siquiera llegaron a imaginar. Aunque deberían haberlo hecho. Porque cabe advertir que fue Karl Marx quien hace siglo y medio anticipó el diagnóstico que Carlos Fernández Liria - el autor En defensa del populismo y uno de los filósofos de cabecera de Podemos - hace de la actual coyuntura política española. Él afirma que la única revolución en marcha hoy en España es la que agencia tortuosamente el gobierno de Mariano Rajoy mientras que la resistencia y la defensa de lo establecido son los signos distintivos de los masivos movimientos de protesta desencadenados por la puesta en obra de dicha revolución. El diagnóstico de Marx está escrito con todas sus letras en el Manifiesto comunista, publicado en 1848, que en contra de lo que podrían pensar quienes no lo han leído, incluye un apasionada reivindicación del “carácter revolucionario de la burguesía”, de su tendencia insoslayable a subvertir o a dinamitar el orden establecido con el fin liquidar “todos los fueros y las antiguas libertades”, para dejar en pie, sola y desnuda, a “la libertad de comercio”. Que es en lo que estamos, tratados de “libre comercio” mediante.
 El móvil, como ya dije, es el emblema de la más reciente de ese ciclo de revoluciones sin fin que hoy tiene a la propia subjetividad como campo fértil para la intervención innovadora y la explotación mercantil. Y que aunque se está produciendo en todo el mundo urbanizado es muy llamativo verla tomar cuerpo en la plaza de Tieananmen, copada literalmente no por las masas insurrectas sino por una multitud de turistas, en su inmensa mayoría chinos y chinas, dedicados con una pasión verdaderamente sorprendente a hacerse un selfie. Y a compartirlo, internet mediante, con sus amigos, sus conocidos o sus parientes. Me sorprende también el desparpajo con que esta autentica “multitud en red” que dirían Negri & Hardt, mas que posar hace performance frente a la cámara. Sobre todo las mujeres.    

      

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