domingo, 2 de septiembre de 2018

Dora García repite a Oscar Masotta.




Ayer asistí al pase en el Museo Reina Sofía del largometraje “Segunda vez” de Dora García tanto por la reivindicación que supone de la figura de 0scar Masotta y por el hecho de que daría lugar a un diálogo entre Dora y Ana Longoni, la curadora de la magnífica exposición dedicada a este notable intelectual argentino inaugurada en el Macba a principios del verano. La película ni es una revisión exhaustiva de la obra de Masotta - como  fue la pretensión de la  expo del Macba - ni se refiere exclusivamente a él. Solo tres de sus capítulos están referidos a él, el cuarto a “Segunda vez”, un cuento de Julio Cortázar, y el cuarto al Museo de la Novela de la Eterna, de Macedonio Fernández. Pero aun contando con el homenaje de Dora a tan extraordinarias escritores debo reiterar que lo que me interesa es Oscar Masotta y no solo porque haya muerto joven, “como los amados de los dioses” que diría el poeta, sino porque fue una figura poliédrica situada en la encrucijada generada por la irrupción de la cultura pop y de formas inéditas de acción política, así como de la obra de Lacan, de la que fue un importante divulgador tanto en Argentina como en España. Volver sobre él, su obra y sus decisiones y opciones políticas con la mirada de un arqueólogo foucaultiano es poner al desnudo algunas de las claves de nuestra época. Ninguna época pasa en balde ni ningún pasado se desvanece como un espejismo en el aire. Y menos para Dora García, que con este filme ha reafirmado su interés en la repetición, en las segundas  veces que paradójicamente son siempre las primeras, que informa todo el ambicioso proyecto expositivo que el lunes echa el cierre definitivo en el cierre definitivo en este mismo museo.  Para recuperar a Masotta  ella ha repetido tres de sus performances: Para inducir el espíritu de la imagen, El helicóptero y el Anti happening. Con lo cual se ha puesto  de lado de Masotta en la critica que de hecho le formuló a Allan Kaprow realizando por segunda vez en el Buenos Aires  de los años sesenta seis de las performances que Kaprow había realizado previamente en Nueva York . Kaprow defendía entonces, con una radicalidad que atemperarían los años, que el happening era un acontecimiento único e irrepetible. Repetirlo era convertirlo en teatro, anulando así su radical contingencia. Al repetir a Kaprow o al inspirarse abiertamente en uno de sus happenings en Para inducir el espíritu de la imagen, Masotta ciertamente teatralizó el happening al mismo tiempo que hacía saltar todas las costuras que encorsetaban al teatro. Y Dora García ha hecho más. Repitiendo los performances de Masotta ha dado la razón al Borges autor de “Pierre Menard, autor del Quijote”. Aún la repetición más exacta del original es siempre distinta. Otros lectores, otras audiencias, otros contextos leerán siempre distinto el mismo texto.   


        

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