lunes, 3 de mayo de 2010

¿Can the Subaltern speak?

¿ Puede el subalterno hablar? es el título de un célebre ensayo de Gayatri Chakravorty Spivak - una destacada teórica del poscolonialismo - que se me ha venido a la cabeza a propósito de Marcos de reclusión, la exposición de l artista mexicano Marcos Ramirez abierta actualmente en el Reina Sofia(03.04.10). Y no solo por las obras expuestas sino tambien por la afirmacion contenida en el texto del plegable editado por el museo para la ocasión. ¨ A lo largo de las décadas de su confinamiento Ramirez apenas habló¨, escribe el anónimo autor del texto y la afirmación es tan contundente y conmovedora que produce vértigo, porque se refiere a alguien que estuvo internado en hospitales siquiátricos californianos durante mas de 30 años. O sea casi la mitad de su vida. ¿ Y en todos esos años ¨apenas habló¨? Abrumador. Cierto, esta afirmación puede ser un simple exceso retórico que se permitió el anómino autor de la misma para subrayar el hecho de que durante tanto tiempo de internamiento Ramirez no tuvo ningún contacto directo con su familia ni con amigos y conocidos de su mismo origen y condición social y sobre todo de su misma lengua. Pero si esta fuera la explicación habria que dar por hecho igualmente que para dicho autor no cuentan los intercambios de palabras, asi fueran muy esporádicos y someros, que Marcos Ramirez debió haber mantenido con policias, psiquiatras, enfermeros y desde luego con Tarmo Pasto, el psicólogo clínico ¨que estudiaba sus costumbres, coleccionaba sus obras y organizó varias de exposiciones , sobre todo en universidades ¨, como se explica en el citado texto. ¿ O sería que, al igual que sus guardianes, Pasto tampoco hablaba castellano y toda su amplia y prolongada relación con Ramirez se hizo por medio de gestos y monosilabos, sin alcanzar jamás el estadio del lenguaje articulado? Abrumadora la noticia, insisto. Y síntoma o por lo menos indicio de que alguien que era lo suficiente dueño de si como para pensar y dibujar la compleja arquitectura de sus extraordinarios dibujos - para no hablar de su probada capacidad de planificar y realizar cuidadosamente el cúmulo de tareas necesarias para fabricarse su propio papel - decidió un buen dia dejar de hablar, quizás definitivamente hastiado de que en realidad nadie le escuchase o tomara en cuenta sus palabras. Cierto, esta singular afasia puede calificarse de puramente psicótica, como muy probablemente lo hicieron los siquiatras que aconsejaron su confinamiento o que lo perpetuaron hasta el final de sus días con diagnósticos como los de ´esquizofrenia catatónica incurable ´, tan redundantes. Pero tambien puede leerse como la consecuencia del desolador descubrimiento por parte de Ramirez de que en la sociedad californiana de la Gran Depresion a los subalternos como él no se les permitia hablar. Y menos con su propia voz. El subalterno se calla cuando descubre que es incapaz de hablar el lenguaje de la dominación.

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