jueves, 21 de julio de 2016

La batalla de Hollywood. (II)




El guionista Dalton Trumbo estaba en el centro de esa escena, entre otras cosas porque era capaz de conjugar su activismo político antifascista con su brillante desempeño como guionista. De hecho con 4.000 dólares de salario por mes era el mejor pagado de la industria. Por eso se comprende que Jay Roach centre su película en él y en el liderazgo que asume frente a la tarea inquisitorial de McCarthy. La batalla se centra en la actitud ante una pregunta clave en el cuestionario del senador: ¿Pertenece o ha pertenecido usted al Partido Comunista? Trumbo piensa que esta pregunta viola los derechos individuales consagrados en la Primera enmienda de la Constitución americana y no solo se niega a responderla sino que promueve activamente que compañeros y colegas se nieguen igualmente a responderla. Al final solo se negaran a hacerlo los “10 de Hollywood”, que son multados y van a prisión  por desacato y  pasan a formar parte de una lista negra de los que, vetados por los grandes estudios, ya no encontraran jamás trabajo en los mismos.
Trumbo sin embargo no se da por vencido. Y emprende una nueva y todavía más dura campaña por vencer el veto de la lista negra y recuperar el derecho a ejercer su profesión de guionista. Sus armas: su extraordinario talento y  una excepcional capacidad de trabajo. Sus cómplices indispensables: su esposa y sus hijos. Su red informal de apoyo: los guionistas o la gente del show business que están dispuestos a firmar los guiones que él escribe o a hacer la vista gorda y aceptar los que él firma con seudónimo. Contando con estos recursos va escribiendo uno tras otro guiones al ritmo de trabajo endemoniado que le impone productores que pagan muy mal y le exigen además el cumplimiento de plazos imposibles. Esta ardua travesía del desierto le ofrece sin embargo algunas compensaciones, como el hecho de que el guion  Vacaciones en Roma, firmado con seudónimo de Ian McLellan Hunter , obtuviera en 1953 el Oscar al mejor guión y que igual permio mereciera, en 1956 del guion de El bravo firmado con el seudónimo de Robert Rich. Pero la victoria final llega de la década y gracias no solo a su talento y tenacidad sino también a un cambio de signo político de la coyuntura.  Se produce El  Deshielo. La oferta de Nikita Jruschev  de“coexistencia pacífica” entre el capitalismo y el socialismo y la ilusionante victoria electoral de John Kennedy sobre Richard Nixon apaciguan temporalmente las tensiones de la Guerra fría. El experimentado director Otto Preminger  y el reconocido actor Kirk Douglas le piden que escriba el guión de sus próximas películas. La primera se llamará Exodus y es una vibrante apología de la fundación del Estado de Israel. Y la segunda, dirigida Stanley Kubrik, se llamará Espartaco y supondrá en primer lugar la reivindicación del líder de la insurrección de esclavos que puso en jaque al Imperio Romano así como la de Howard Fast, el autor de la novela en la que se basa el guión, que había sufrido el ostracismo debido a su militancia en la izquierda. Y supondrá igualmente la ruptura de hecho de la Lista negra porque Douglas logra que el nombre de Trumbo figure en los créditos como el autor del guión.

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