viernes, 2 de julio de 2010

Apóstol y el fracaso de las utopías modernas.

Entre todas las exposiciones abiertas actualmente en Madrid, en el marco de PHOTOEspaña, la que mas me ha atraido es la de Alexander Apóstol. Atracción por el artista mismo e igualmente por las obras que, bajo el titulo muy revelador de Ensayando el gesto nacional, expone en la galeria Distrito 4 de la capital española(16.06.10). Y que representan un cambio a la vez que una ratificación del rumbo que ha marcado su trabajo durante la última década. Debo confesar que durante un tiempo pensé que el motivo principal de la obra de Apóstol era sólo el cuestionamiento del extraordinario legado que dejó la arquitectura moderna en la ciudad de Caracas, pero con esta nueva exposición suya me quedado claro que no, que si él prestó antes tanta atención a dicho legado fue porque lo que quería ir más allá y subrayar que ea ruina o la perversión del mismo eran la confirmación palmaria de hasta qué punto trágico ha fracasado el proyecto moderno en Venezuela. Pero Apóstol tambien le ha interesado aclarar porqué fracasó un proyecto tan ambicioso. Y las primeras explicaciones las descubrió en Del buen salvaje al buen revolucionario - el libro de su compatriota Carlos Rangél publicó en 1975 - y le impactaron tanto que le movieron a realizar su proyecto La salvaje revolucionaria en horario estelar, una ¨ adaptación libre, realizada por escritores de telenovelas, del ensayo politico de Rangel¨. Rangel, como pensador político, hoy no está sin embargo sólo porque de hecho se ha convertido en la cabeza de fila de una tendencia intelectual con un buen número de promotores, entre ellos Álvaro Vargas Llosa y Plinio Apuleyo Mendoza, autores de un conocido best seller: Manual del perfecto idiota latinoamericano. Todos ellos tienden a culpar a la herencia colonial española - burocratica y clerical - o al populismo y a la izquierda revolucionaria del atraso sempiterno que padece el continente. ¨Si estamos como estamos es por culpa nuestra y no por la de ninguna potencia extranjera ¨, vienen a decir en definitiva. Y Apóstol, aunque en principio parece ponerse de acuerdo con ellos, radicaliza hasta tal punto esta tesis que termina subvirtiéndola. O al menos eso es lo que pienso despues de leer el texto donde él explica los motivos por los que realizó un film de 16 mm transferido a vídeo HD que es de alguna manera la sintesis visual de una exposición compuesta mayoritariamente de fotografiás en color y de gran formato que mantienen la misma tematica. El film se titula, al igual que la expo en su conjunto , Ensayando la postura nacional y está dedicado a Pedro Centeno Vallenilla, un pintor elevado a la categoria de pintor de las imagenes emblematicas de la nación venezolana por el dictador Pérez Jiménez, durante los años 50 del siglo pasado. ¨ En el film - explica Apóstol - sus pinturas son representadas por sectores populares en los espacios de la grandielocuente y desvencijada modernidad venezolana, sin embargo los figurantes tratan una y otra vez sin ningún éxito de recrear cuadro por cuadro las forzadas posturas de los personajes hasta ejemplificar que la verdadera filosofia venezolana radica en su eterno intento, con forma pero sin fondo, de imaginar utopias que terminan resultando en simulacros de país ¨. Rangel, Vargas Llosa, Apuleyo Mendoza, imaginan un futuro luminoso y a la vez posible si los latinoamericanos rompen definitivamente con su pasado colonial y - sobre todo - con las utopias populistas y revolucionarias y abrazan definitivamente el modelo de democracia liberal y de irrestricta libertad de mercado que ofrecen los Estados Unidos de América. Apostol, en cambio, parece estar convencido de que ni siquiera esta prodigiosa panacea es capaz de curar a un pais entregado desde siempre a la impostacion y al simulacro. ! Tremendo ¡

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