lunes, 17 de enero de 2011

Dorit Margreiter y la modernidad.


Hay en Descripción - la exposicion de Dorit Margreiter abierta actualmente en el Museo Reina Sofia de Madrid (12.01.11) - un indudable regreso a la modernidad. La modernidad del Movimiento moderno en arquitectura para ser mas específicos, cuya historia canónica incluye hitos como los del pabellón de Austria en la bienal de Venecia diseñado en 1934 por Josef Hoffman, las casas de cristal y acero que Richard Neutra y otros arquitectos igual de modernos que él construyeron en Los Angeles en los años 40 y 50 del siglo pasado. E inclusive el Bruehlzentrum, el conjunto residencial construido en los años 60 en Leipzig, cuando la RDA decidió hacer suya la clase de arquitectura que ya para entonces era sinónimo de sociedad moderna en el resto del mundo. Todos estos hitos son revisitados por Margreiter mediante las video instalaciones que forman en cuerpo principal de esta exposición. Sólo que en los casos de Zentrum y de Pavilion advierto una actitud ambigua suya ante el legado moderno, que intenté despejar en la rueda de prensa preguntandole si su interés en el pabellón de Hofman y el proyecto de Leipzig obedecían a una actitud nostálgica o historicista hacia la tradición moderna o si suponía, por el contrario, una reivindicación de la modernidad ahora que la crisis de la posmodernidad es mas que evidente. Y habría que ventilarla. Su respuesta fue muy lacónica y adoptó la forma de una pregunta: ¨ ¿ Cómo se puede sentir nostalgia por un movimiento que lo que prometia era un futuro que al final nunca llegó ? ¨ Yo recordé de inmediato el ensayo en el que Robert Morris califica a la desafiante escultura americana de los años 60 de ¨ monumentos del futuro ¨. Y pensé además que la nostalgia por la modernidad bien podria ser hoy la nostalgia por esa promese de bonheur baudeleriana y - todavía mas - por esa promesa de realizacion inmediata del futuro que es lo que parece haber desaparecido por completo en una coyuntura en la que el recurrente y enfático entertaiment posmoderno no consigue vencer ni nuestro pesimismo ni nuestra desesperanza.
Pero sea cual sea la actitud que finalmente mantiene esta artista austríaca con respecto a la modernidad, lo cierto es que Margreiter en otras dos de sus obras, Paramount Studio y Americus, pone en cuestión o paradójicamente en escena la decidida apuesta de la cultura posmoderna por el espectáculo. En la primera de ellas se muestra cómo las casas acristaladas de Los Ángeles se han convertido en poderosos iconos fotográficos en las manos virtuosas de Julius Shulman, en escenarios mediáticos gracias a las revistas de diseño e interiorismo y las series televisivas e inclusive en signos de distinción social preferidos por una burguesía liberal o bohemia. O ambas cosas a la vez. Pero donde el culto posmoderno a las imágenes exóticas riza el rizo es en Americus, que es una formidable videoinstalación que documenta la existencia, en la localidad del mismo nombre situada en el estado de Georgia, de una réplica increiblemente fiel de un tugurio surafricano. Los autores intelectuales de la misma sostienen que sirve la misma sirve al propósito de sensibilizar a la opinión pública con el fin de captar fondos para proyectos de ayuda a los miserables de dicho país. Quizás tengan razón, pero qué duda cabe que este simulacro tan del gusto de Jean Baudrillard es un notable ejemplo de pornomiseria.

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