miércoles, 11 de diciembre de 2013

Intento de escapada.






Harold Rosenberg, en el prólogo de su libro La tradición de lo nuevo, afirma que fue tanto el empeño de la mujer que recopiló los artículos y ensayos muy dispersos que lo componen que lo único que le faltó hacer para hacer posible la publicación del mismo ¨ fue escribirlo¨. Ese extraordinario reconocimiento se me ha venido a la cabeza a propósito de Intento de escapada, la primera novela - y espero que no sea la última - de Miguel Ángel Hernández Navarro. Y no porque alguien le haya prácticamente escrito la novela sino porque la misma representa el más apasionado y comprometido homenaje que haya recibido hasta la fecha a un artista vivo en España y quizás en muchos otros países. Hernández Navarro ha escrito - como crítico y teórico del arte contemporáneo -  de manera lúcida e inteligente en defensa de la obra de Santiago Sierra>Pero esa defensa ha estado condicionada por una apuesta suya aún mayor: la de oponer al omnipresente ¨archivo escópico de la Modernidad¨  un discreto y sobre todo resistente ¨archivo escotómico ¨, al que pertenecería la obra de Sierra. Ante la crisis que caracteriza actualmente la episteme escópica – explica Hernández Navarro – hay ¨dos modos básicos de reacción: la ocultación de las fallas del ojo para poder dominarlo; o la puesta en evidencia de éstas para hacerlo consciente de su insuficiencia¨. 
La resistencia escotómica es traída a cuento en la novela por una obra de arte realizada por un artista tan imaginario como ella misma, al que sin embargo es difícil no considerar un alter ego del propio Sierra, y que además encaja plenamente en la definición del ¨escotoma¨ ofrecida por Hernández Navarro: ¨un punto ciego de la visión, algo que no puede ser visto del todo, un lado oscuro, una falta, un objeto inasumible, inapreciable, inaprehensible¨.  Sólo que lo que en los escritos teóricos de nuestro novelista es celebración de esa resistencia en su novela se transforma en un cuestionamiento de la misma. El objeto escotómico de Intento de escapada  ciertamente se resiste ¨a ser visto del todo ¨ pero al mismo tiempo es ¨inasumible ¨ porque en su impenetrable opacidad  es muy probable que oculte la evidencia de un crimen. El crimen cometido por un artista que no parece dispuesto a detenerse ante ninguna restricción moral a la hora de exponer sin ambages las extremas condiciones de vida de los condenados de la Tierra. 
La conciencia del joven y timorato profesor universitario que, en la novela, es admirador y guía devoto del artista implacable, es el escenario donde se libra un turbulento conflicto moral alimentado por todas las dudas y las aprensiones de esa índole que desencadena la obra de dicho artista. Y que son equiparables a las que acompañan de hecho la obra de Santiago Sierra, a quién suele acusarse de ¨cinismo ¨por la crudeza de las performances protagonizadas por esos mismos condenados de la Tierra, que mencioné antes. O porque los medios gráficos o visuales que documentan esas polémicas acciones se ofrezcan como mercancías en las más glamurosas galerías de arte. Tengo para mí que Hernández Navarro no se libra del todo de esta clase de conflictos morales y celebro que en vez de guardárselo para sí, rumiándolos en pudoroso silencio, haya decidido escribir una novela entera para exponerlos. Y exponer hasta qué punto le conciernen. En eso consiste el homenaje que le rinde a Santiago Sierra, cuya obra, gracias a Intento de escapada, se muestra no solo como una forma de resistencia escotómica sino como el desencadenante del tipo de conflictos morales que suelen aquejar a las ¨buenas conciencias ¨ que tanto irritaban a Luis Buñuel.

   

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