lunes, 15 de diciembre de 2008

Experiencia aleatoria y dispersa.

El sábado pasado ( 13.12.08) fui a Off Limits y la experiencia resultó muy ´aleatoria y dispersa ´, en correspondencia, supongo, con el título del concierto de teléfonos móviles ofrecido por Antonio Alvarado, con la colaboración de Igor González y Martin Nadal. En el camino me encontre, por puro azar, con Daniel Charquero, Hilario Álvarez y un tercer artista cuyo nombre desgraciadamente he olvidado, con quienes me senté formando con las sillas un círculo en la parte de atrás del pequeño auditorio de Off Limites, situado en el corazón del barrio madrileño de Lavapies. El anuncio era el de un concierto en el que - a diferencia de todos los conciertos que en el mundo han sido - los móviles en vez de apagarse debían mantenerse encendidos. Y mas que encendidos. operativos. Al cabo de un rato muy largo de espera, apareció en la pantalla un numero de movil al que debiamos enviar todos un SMS para así poder dar inicio al concierto. Lo hicimos, obedientemente, y escuchamos el pitido que en caso registraba la recepción de nuestros envíos. Pero poco mas. De nuevo sobrevino tiempo muerto, una chica en el micrófono nos informó que debiamos esperar aún mas, que había ´problemas técnicos´. La espera se prolongó lo suficiente para que Daniel, Hilario y yo termináramos enzarzados en una complicada discusión sobre ¨La vida de los otros ¨, la pelicula alemana protagonizada por un espia de la Statsi en el Berlín Este de los años 70, que a Hilario le parecía tramposa y a nosotros no. Antes, Hilario nos había contado de su participación en un festival internacional de performance, realizado hace poco en China, que incluyó para él la experiencia de que uno de sus colegas le afeitera en cruz los vellos del pecho. En esas estábamos, cuando sin ningún anuncio previo, Pablo Ripollés inició la segunda parte del programa anunciado, que consistia en su disertación audiovisual sobre ´ Animaris Modularius ´, el animal autosuficiente que el artista holandés Theo Larsen había presentado previamente en el Reina Sofía, en una exposición del verano pasado decidada al arte y las nuevas tecnologías. La idea de Theo era, es la de crear una forma de vida artificial que satisfaga un minimo de indicadores vitales, como las del movimiento y la anticipación, pero que en vez de apelar a los medios electrónicos, se alimenta exclusivamente del aire que con tan constancia sopla en las desoladas playas holandesas. La exposición de los intringuilis de este ingenioso invento se hizo, sin embargo, tan detallada, que yo terminé perdiendo el hilo y deseando que se acabara de una buena vez. Cuando por fin lo hizo, las luces se encendieron de nuevo y todos nos dispusimos a irnos. Daniel me invitó a que fueramos a la mesa a despedirnos de Antonio. Eso hicimos y alli descubrimos para nuestra sorpresa que no, que la sesión no habia terminado, que se reanudaría despues de un receso con el prometido concierto de teléfonos móviles. ´Claro que pueden seguirlo, donde vayan - nos dijo Antonio - porque donde estén donde estén les responderemos el SMS que nos han enviado¨. Aceptamos, entre aliviados y resignados, esa alternativa a un concierto sin orden y concierto. Y nos marchamos.

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