jueves, 24 de septiembre de 2009

Gordillo+Broto+Urzay

La pintura es la pintura. Esta tautologia puede aplicarse sin problema a las obras que Luis Gordillo, Broto y Dario Urzay exponen actualmente en Madrid(24.09.09), aunque las de Gordillo no sean cuadros sino 12 serigrafías expuestas en la galeria La caja negra y realizadas en los dos últimos años. Esa diferencia, estrictamente técnica, en realidad no importa porque esas obras comparten con las de Broto en la galeria Soledad Lorenzo y las de Dario Urzay en las salas de exposiciones de MUICO, el mismo principio: la pintura es un acontecimiento visual que vale por sí mismo y que por lo tanto se niega a ser portadora de cualquier sentido que no sea el de ser precisamente un acontecimiento visual. Este es el principio de composicion básico y la evidencia en primera instancia de estas obras. Sólo que este radicalismo evidentemente moderno es como el silencio absoluto que alguna vez John Cage quiso escuchar en una cámara de insonorizacion absoluta de Praga. Cage no pudo escucharlo porque a falta de sonidos externos pudo escuchar en cambio y con una nitidez insólita el sístole y el diástole de su corazón, la circulacion de la sangre por sus arterias y venas e inclusive el de los impulsos electricos por la red de su sistema nervioso. No hay silencio sin oyente y el oyente es él mismo una fuente inagotable de sonidos. A la pintura como mero acontecimiento visual le pasa lo mismo porque aunque pretenda ser autosuficiente, absoluta, no acontece en un campana neumática, en un espacio absoluto y vacío sino en un espacio linguístico, social y cultural - en un mundo si se quiere - que le asigna inevitablemente sentido. El gesto violento que supone separar la experiencia o si se prefiere la sensacion visual del complejo activo/perceptivo en el que habitualmente se inserta es respondido por el igualmente violento de sobreponerle al resultado de esa separacion un sentido. Sea el que sea.
De los tres pintores que nos ocupan Urzay es el que toma distancia explicitimante de la tautologia de la pintura, afirmando que el extraordinario conjunto de cuadros que expone ahora en MUICO son el resultado de trece años de investigaciones sobre cómo las nuevas tecnologias de la imagen han cambiado nuestra percepción del paisaje y del entorno natural. Y no le falta razon: lo que vemos en mayoria de esas obras son brillantes manipulaciones, variaciones y contaminaciones de los productos de esas tecnologias cuando son utilizadas en la representacion del medio natural. Pero, aún contando con la diferencia que marca claramente la voluntad del pintor, puede decirse que sus pinturas - al igual que las de Broto y las serigrafias de Gordillo - son tambien esa clase de señuelos que, para Lacan, tienen la funcion de atrapar la mirada y revelarla como lo que efectivamente es, un objeto a minúscula, órgano del deseo, medio y meta de satisfaccion de las pulsiones libidinales.
Estos tres pintores tienen en común, ademas, el hecho de que sus obras se ex-ponen en una sociedad de la ´estetizacion difusa ´ en la que importa no es ofrecer algo concreto sino la sensación, la experiencia sensible de algo. Y ellos, menos que nadie, pueden mostrarse ajenos a esta clase de imperativo social porque sus respectivas obras se ofrecen evidentemente como objetos o medios de una experiencia sensible antes que como medio o fuente del conocimiento. Sus obras pueden excitar o estimular e inclusive entusiasmar pero, en cambio, no ofrecen una iluminacion benjaminiana capaz de incitarnos a emprender el camino del conocimiento.

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