martes, 29 de septiembre de 2009

Ruiz Infante y los perros.

El tema del animal en el arte se hace cada dia mas acuciante y no sólo porque la simbiosis del individuo con su animal doméstico haya adquirido tal extension e intensidad que se ha convertido en la más poderosa contraparte de la imagen del cyborg, esa unión indisoluble del hombre y de la máquina. Entre ambos extremos a duras penas sobrevive esa imagen del hombre autónomo y sobre todo exento que acuñaron a alimón el neoclacisismo y el romanticismo. Tambien cuenta entre las razones de esa creciente atribucion de importancia al tema del animal el hecho de que el omnipresente lenguaje politico actual ha sustituido definitivamente el concepto de pueblo por el de poblacion, entendida en sentido zoológico o biológico. Como los topos en las llanuras castellanas o las ratas en un distrito de Manhattan, los miembros de una nación o los sujetos a un Estado moderno ahora ya no son pueblo son poblaciones.
Y a esta recurrencia del tema animal en el arte responden sin duda un documento y una exposición. El documento es la D.E.A que la artista Patricia Fesser presentó hace poco en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid, titulada muy elocuentemente ´el animal que me mira desde el arte ´y subtitulada muy ambiciosamente: ´arte, ciencia y naturaleza- mente y mentiras´. La exposicion es Díptico animal/Laboratorio de sincronizaciones de Francisco Ruiz Infante, se inauguró hace pocos días en la galería Elba Benitez de Madrid (27.09.09) y está compuesta por una instalación protagonizada por una gran jaula que no sabemos bien si sirve a experimentos con animales o la tortura de los mismos y en torno a la cual se despliegan pantallas de ordenador y consolas que evocan una sala de postproduccion audiovisual. En la otra sala de la galería se expone un vídeo en bucle, en el que vemos a una jauría de perros que estan siendo censados incesantemente. O por lo menos eso me parece. El conjunto trasmite una aire irremediablemente amenazante, e inclusive concentracionario, como si el artista lo que en realidad hubiera querido inducirnos el mismo desasosiego que causa la tesis de Giorgio Agamben, según la cual el auténtico nomos de la modernidad es el lager, el campo de concentración.

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