miércoles, 29 de febrero de 2012

Clint Eastwood: el héroe se convierte en mártir.



En el intermedio de la pasada edición de la Super Bowl (05.02.12) el anuncio que desató la polémica que fue incapaz de desatar el de Madonna fue It´s Halftime in America, un spot televisivo pagado por Chrysler y protagonizado por Clint Eastwood. La polémica la encendieron los comentaristas republicanos que vieron en ese anuncio publicidad subliminal a favor de Obama porque para Obama las próximas elecciones presidenciales tendrían que ser apenas el intermedio entre su actual gobierno y el que resulte de su reelección. Is halftime in America too, afirma con voz grave el célebre actor al comienzo del anuncio, para irritación de unos críticos que no solo rechazan la relección de Obama sino que de repente se muestran muy susceptibles con las estrategias utilizadas con tanta frecuencia por los publicistas republicanos para colar lemas y consignas sin que la audiencia apenas se de cuenta. También les irritó que el anuncio fuera un breve e intenso canto al renacimiento de Detroit, la capital americana del automóvil, que resurge como el Fénix de las cenizas de una depresión tan profunda que llevó al borde de la quiebra a los legendarios gigantes de la industria automotriz estadounidense. ¨America are hurting. The people of Detroit know something about this. They almost lost everything ¨ – continúa Clint Eastwood – mientras en la pantalla se ven imágenes de desolación e incertidumbre de la gente. ¨But we all pulled together. Now motorCity is fighting again¨. Obviamente este mensaje contraría el catastrofismo sin fisuras de la propaganda política republicana que casi desde el día de la toma de posesión de Obama repite machaconamente que su gobierno es un desastre sin atenuantes y que el único medio que tiene América para salvarse es echarlo cuanto antes de la Casa Blanca. La mera comprobación de que todavía hay quién desea su reelección basta para sacarlos de sus casillas. Esta política de oposición radical al gobierno de Obama mereció sin embargo que Greg Mitchell - blogger de The Nation - escribiera este twuit: ¨Republican Clint Eastwood claims `We all pulled together ´ to save Detroit. Wrong, your party did not, big guy¨. En respuesta a la polémica el actor reafirmó tanto su republicanismo como su oposición de principio a las ayudas y subvenciones estatales (aunque fueron ellas las que salvaron de la ruina a la industria del automóvil) y se defendió de las críticas de tirios y de troyanos diciendo que se había limitado a actuar en un anuncio.
Y es cierto. Sólo que su elección como protagonista de un anuncio que vieron en la televisión más de 100 millones de espectadores tiene un antecedente inmediato que muy probablemente tomaron en cuenta los productores del mismo cuando le eligieron y que debía estar en la memoria de un alto porcentaje de esos televidentes. Me refiero a la película El gran Torino, en la que el propio Eastwood interpreta a un obrero de Detroit jubilado, ex combatiente de la Guerra de Corea, viudo, solitario, cascarrabias, racista, que lleva muy mal que su barrio se haya llenado de inmigrantes. Su único motivo de orgullo: el Ford Gran Torino, ese coche suyo de color verde, que él considera el mejor ejemplo de lo que eran capaces de hacer las fábricas de Detroit en los buenos viejos tiempos. Antes que el libre comercio, el empobrecimiento de los trabajadores y las sucesivas burbujas financieras pusieran a la industria americana contra las cuerdas. Pero todo cambia cuando él se involucra afectivamente con una familia asiática vecina y decide hacer frente a la banda de delincuentes que la amenaza. Es entonces cuando uno espera que el viejo obrero orgulloso asuma el papel despiadado de Harry el sucio, desenfunde su Mágnun 44 y liquide sin contemplaciones a los malhechores. Pero no lo hace. En vez de tirotearlos permite deliberadamente que lo tiroteen para que su cadáver desarmado delante de la guarida de la banda sea la prueba irrefutable que los condenará a todos a la muerte. O a muchísimos años de cárcel.
Esta imagen del hombre que en vez de héroe justiciero a la vieja usanza reaganiana opta por convertirse en mártir que presta un servicio invaluable a la Ley se superpone evidentemente al performance de Eastwood en el spot de la Chrysler, porque al fin y al cabo en la omnipotente cultura mediática americana cada imagen siempre trae consigo otras imágenes y junto con ellas el recuerdo de los relatos que las exhibieron e interpretaron canónicamente la primera vez. Y es igualmente evidente que esta yuxtaposición resulta muy apropiada para garantizar la eficacia de un inspirado mensaje de renacimiento. El de Detroit, el de la Chrysler e inclusive el de América. Añado que es probable que la evolución reciente de los indicadores económicos realice esta esperanza pero me caben pocas dudas de que la América que vuelve a la prosperidad vuelve tan fracturada y tan ajena a si misma, que no resulta sorprendente que el spot promocional de la Chrysler concluya con este lema dirigido al publico americano involuntariamente revelador : Imported from Detroit.

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