lunes, 16 de febrero de 2009

El nacimiento del realismo socialista

Victor Stoichita ha decidido encabezar el recorrido de la exposición ´ La sombra ´ - que ha comisariado para el Museo Thyssen de Madrid (09.02.09) - poniendo juntos dos cuadros. El de la izquierda es ´ Los origenes del realismo socialista ´ de Komar y Melamid y el de la derecha ´ La invencion del arte del dibujo ´ del pintor Joseph Benoit Suvvé. Y lo ha hecho con la intencion de ilustrar y subrayar la importancia de la leyenda sobre el origen de la pintura, tal y como fue contado por Plinio el Viejo, que relata cómo una joven dibuja, deseosa de retenerlo, el perfil de la sombra que su amado proyecta sobre el muro. Su padre, ante la tristesa de la joven, le da cuerpo a ese perfil y de paso da origen a otro arte: el de la escultura. Los dos cuadros están compuestos en torno al relato de Plinio el Viejo, pero mientras el de Suvvé está protagonizado por la joven de la leyenda y su amante vestidos con túnicas romanas, Komar y Melamid otorgan el protagonismo a Stalin y a un joven angelical, de abundantísima cabellera roja que cubre prácticamente su espalda desnuda. Y que parecen sus alas. El fondo de los dos cuadros también es distinto: el de Suvvé es ese espacio pictórico abstracto en el que barrocos como Velázquez situaba sus retratos. Y el de Komar y Melamid es abiertamente escenográfico. Stalin aparece sentado en el extremo de un canapé estilo imperio enmarcado por la esquina formada por dos muros de diseño clasico, que, sin embargo, no ocultan su condicción de atrezzo teatral. En realidad son de cartón piedra, como tantas escenografías de obras teatrales situadas en la Antigüedad.
Por su parte la unión o la yuxtaposición por decisión de estos dos cuadros tan distintos pone en evidencia que el stalinismo mantuvo una relación con el barroco que va mas alla de lo que los teóricos del mismo solían reconocer. Barroco, en cuanto programa iconográfico de la propaganda fide, entendida como la primera manifestación de las modernas estrategias publicitarias de saturación, y barroco en cuanto exaltación grandielocuente de la encarnacion de la soberanía en la figura excepcional del monarca. O del Papa. Stalin fue, desde luego, un dictador moderno, quizás el más moderno de todos, si hemos de creer la interpretación del mismo ofrecida por Boris Groys en su ´Stalin. La obra de arte total ´. Pero qué pocas dudas caben que también fue un monarca absoluto, tal y como lo entendió Eisenstein cuando - en plena Gran guerra patria -decidió hacer la película ´ Iván el terrible ´. En la sección de esta exposición de Stoichita en la que se proyectan fragmentos de peliculas en las que ha cumplido un papel excepcional las sombras, los fragmentos de ´ Ivan el terrible ´ destacan singularmente por wl dramático juego de las mismas. Y por lo mismo resultan un antecedente - quizas involuntario o inconsciente - de la decisión de Komar y Melamid de situar el origen del realismo socialista en el dibujo por un ángel del perfil de la sombra proyectada por Stalin sobre un muro de cartón piedra, escenográfico, teatral. ¿Wagneriano?

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